Todo depende del cristal con que se mire…

Nuestra imagen corporal viene determinada por lo que vemos, donde lo vemos y con quien nos comparamos. Con los años, esta imagen ha ido cambiando de esbelto a regordete, a delgado, a rellenito, con curvas, atlético o a la delgadez extrema.

Sin embargo, actualmente, parece haber mucha menos variación en cuanto a lo que se considera bello.

Centrémonos en cómo nuestra propia percepción está influenciada por lo que se muestra en televisión, se publica en revistas de belleza o para estar en forma y en las redes sociales y cómo podemos desarrollar una relación sana con nuestro cuerpo.

Imagen corporal y medios de comunicación

Cómo se define nuestra imagen corporal ha formado parte durante mucho tiempo de un debate filosófico y psicológico. La ciencia moderna lo considera una combinación de nuestra propia apariencia, las percepciones culturales y experiencias personales. Construimos nuestra imagen corporal basándonos es nuestras condiciones biológicas, psicológicas y sociales.

Y esto, ¿qué significa? Cuando definimos nuestra imagen corporal no es simplemente una cuestión de mirarnos al espejo y que nos guste o no lo que vemos. Nuestra propia imagen también viene determinada por aquello a lo que estamos expuestos durante el día: anuncios, artículos, las publicaciones en Facebook, fotos de Instagram, nuestros amigos y nuestra familia. Cómo de cómodos y sanos nos sentimos está muy influenciado por lo que la sociedad (principalmente los medios de comunicación) considera como “el ideal”. Y en la ausencia de un objetivo estándar, a menudo nos comparamos con lo que la sociedad define como “deseable”.

Construimos nuestra imagen corporal basándonos es nuestras condiciones biológicas, psicológicas y sociales.

El papel de los medios de comunicación en este proceso ha sido objeto de investigación durante décadas. Si echamos la vista hacia atrás, en los 80, la televisión y las revistas de moda empezaron a posicionar a las personas famosas con cuerpos perfectos y con estilo como los ideales de salud, belleza y forma física. Actualmente, con la llegada de las redes sociales, existe un estándar adicional con la que compararnos: nuestros amigos y conocidos. Con 10 millones de fotos subidas en Facebook cada hora y una media de 200 amigos por usuario, hay muchísimas personas que conocemos que comparten solo fotos suyas cuando salen bien. Las páginas web de fotos como Instagram proporcionan un escaparate adicional y aparentemente perfecto de salud y belleza.

La evolución de las redes sociales ha tenido una influencia considerable en nuestra imagen corporal. Cuando admiramos a una persona famosa, generalmente nos damos cuenta que para estas personas, su apariencia es parte de su trabajo. Somos capaces de disociar, porque entendemos que esas imágenes tienen poco que ver con la realidad. Pero, cuando vemos a nuestros amigos, con buen aspecto arreglados para salir una noche o demostrando un gran logro, como correr una maratón, no hay disociación. Esto puede hacer que nos presionemos más porque conocemos a estas personas y nos comparamos con algo que parece más cercano a la realidad.

Por tanto, al mismo tiempo que las redes sociales que tenemos a nuestro alcance nos conectan con otros, también pueden crear unos retos inesperados.

Una imagen equilibrada de nosotros mismos

Entre los famosos en las revistas y los amigos en las redes sociales, el reto entonces, es desarrollar una conciencia saludable de los factores que influyen en la percepción de nosotros mismos.

Los investigadores coinciden en que un grupo beneficioso de amigos es el factor más importante para desarrollar una imagen positiva de nosotros mismos. Esto se refiere a amigos cercanos y familiares que muestran un estilo de vida equilibrado.

Tomemos como ejemplo la comunidad más sana y más longeva en Estados Unidos. La gente de Loma Linda en California se apoyan los unos a los otros en estar activos, comer de forma saludable, sacar tiempo para estar con la familia y amigos y sí, absteniéndose de fumar y beber alcohol. Sin embargo, lo que es más importante es que comparten el entendimiento de los beneficios duraderos que tienen ese estilo de vida, y el ánimo que se transmiten entre ellos en conseguir objetivos realistas que reflejan sus necesidades individuales.

Pasar tiempo con personas que comparten y apoyan nuestros valores y objetivos es una parte importante para estar contentos con quienes somos.

Tenemos muchas opciones si queremos mejorar la salud. Podemos cambiar nuestra dieta, hacer ejercicio a un nivel que se adapte a nuestras necesidades, o podemos intentar dar un paso atrás de nuestras responsabilidades diarias y, posiblemente, volver a evaluar realmente cuáles son necesarias.

Por supuesto que cómo nos vemos, forma parte de cómo nos sentimos, pero si se convierte en el centro principal de nuestra búsqueda para encontrar más tranquilidad, en realidad puede impedirnos dar los primeros pasos hacia un estilo de vida saludable. Tener una idea realista de qué queremos conseguir y por qué nos estamos poniendo estos objetivos, nos permitirá desarrollar un mejor entendimiento de nuestra motivación. ¿Es para cumplir con una imagen respaldada por los medios de comunicación o es para mejorar nuestra salud y nuestro bienestar general?

Dar los primeros pasos encaminarnos hacia nuestro bienestar físico tendrá también un efecto positivo en nuestro estado de ánimo. Sentirnos bien con nosotros mismos porque hemos hecho algo beneficioso para nosotros, muchas veces también se ve reflejado en nuestra apariencia exterior. La percepción de nosotros mismos está en nuestras manos y depende de nosotros reflejarnos en nuestros propios términos sin permitir que influencias externas determinen nuestra sensación general de bienestar.

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