¿Qué es la Felicidad?

La mayoría de nosotros diría que desea ser feliz. Tenemos una idea general de lo que es la felicidad: el sentirse bien con uno mismo, con nuestro trabajo, con nuestra vida y con las personas que nos rodean. Sabemos con toda certeza cuándo nos sentimos infelices. Sin embargo, puede ser bastante difícil valorar qué es realmente la felicidad, y si no llegamos a saberlo, alcanzarla se vuelve más complicado.

Es posible que uno de los problemas sea que el concepto de felicidad se ha reinventado y, si lo consideramos desde el punto de vista cotidiano, se nos presenta como la capacidad de conseguir lo que aún no tenemos. Se dice que uno siempre quiere lo que no tiene. Esto no es culpa de los anunciantes ni de los productores de concursos de talentos, sino más bien un síntoma de nuestro deseo de ser distintos de lo que somos ahora.

Hay que encontrar el equilibrio entre las ambiciones, los sueños y las aspiraciones, y darnos cuenta de todas las cosas buenas que ya tenemos. Si toda su vida gira entorno al intento de conseguir un objetivo, alcanzable o no, puede que se de cuenta de que se ha olvidado de disfrutar de las cosas buenas que ya posee.

Si es capaz de conseguir la felicidad a partir de lo que ya tiene, obtendrá una base mucho más sólida sobre la que construir sus metas y objetivos futuros.

Si es capaz de conseguir la felicidad a partir de lo que ya tiene, obtendrá una base mucho más sólida sobre la que construir sus metas y objetivos futuros.

El concepto de felicidad es distinto para cada persona. Definitivamente, no existe un sistema de evaluación estándar para valorar si una persona es feliz o no. La felicidad no es un estado mental permanente, sino que fluctúa en función de las exigencias y los problemas de cada día. Lo que debemos hacer es intentar disfrutar y aprovechar los momentos de felicidad y utilizarlos de forma que nos ayuden a superar los momentos más difíciles.

Aquí le ofrecemos unas cuantas ideas y reflexiones sobre cómo aumentar su “coeficiente de felicidad” particular:

Dedique tiempo a las relaciones más importantes de su vida. No permita que la gente negativa le arrastre a su propia miseria. Trate de rodearse de personas positivas en las que pueda apoyarse, que le animen y que le ayuden a sentirse positivo. La mejor manera de atraer a ese tipo de personas es ser positivo usted mismo. Comparta su positividad.

Acepte los cambios. No podemos cambiar el hecho de que los cambios existen y de, antes o después, ocurrirán. En lugar de temer o evitar el cambio, dele la vuelta y mírelo como una experiencia estimulante. Darle vueltas al lado negativo nunca le aportará felicidad. Mire hacia delante y quédese con los buenos pensamientos del pasado.

Aproveche lo que tiene ahora. Valore las cosas buenas por las que está agradecido y disfrútelas día a día. Eso compensará los disgustos y pérdidas habituales.

Libere sus preocupaciones. Imagine que todos esos miedos y pensamientos negativos se van en un globo aerostático para no volver a ensombrecer su ánimo nunca más y experimente la satisfacción que esto le genera.

Lo mejor de todo esto es que, según revelan algunos estudios, las personas optimistas pueden vivir hasta 7 ½ años más que los pesimistas. Este debe ser el argumento más convincente para buscar la felicidad.

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