No lo pienses demasiado…

Cuando te sientas a comer, ¿qué ves?
¿Algo delicioso? ¿Algo necesario para aguantar hasta la siguiente comida? ¿Algo para disfrutar? ¿Una mezcla de números o un descubrimiento científico?

Para los que nos preocupamos por la salud, uno de los grandes beneficios de la era moderna es que podemos disfrutar de un acceso ilimitado a información y recursos que nos permiten entender lo que cada uno de nosotros puede hacer a nivel personal para llevar una vida más saludable.

En lo que respecta a la alimentación, la cantidad de información que nos dice lo que debemos o no debemos comer o beber se ha vuelto muy compleja.

Si estás dispuesto a dedicar tiempo e investigar, encontrarás un número infinito de dietas y regímenes, la mayoría de los cuales hace hincapié en la pérdida de peso, pero hay muchos otros que sugieren otros beneficios como el aumento de energía, la concentración, un mejor metabolismo… y así sucesivamente.

¿No es esto algo positivo? Cuanta más información tengamos sobre lo que comemos, mejores serán las opciones que podemos hacer acerca de lo que comemos, y cómo podemos elegir opciones más saludables.

Sí, en términos generales, eso es cierto. Pero piensa esto: ¿al prestar tanta atención a lo que comemos, no estaremos generando un comportamiento negativo?

Tal vez al mirar la comida, analizas demasiado lo que hay en el plato: contenido de grasa, si está procesado, cantidad de azúcar…

¿Analizar demasiado es bueno?

Hacer un cambio positivo en nuestros hábitos alimentarios es algo personal. Sin duda, se necesita fuerza de voluntad.

La fuerza de voluntad es algo positivo; tomar la iniciativa para mejorar la salud y estilo de vida es un acto de empoderamiento; por ejemplo, algo tan sencillo como decidir reducir la comida rápida o aumentar la variedad de alimentos en la dieta son acciones positivas que nos deben satisfacer.

Pero cuando la gente adopta una disciplina férrea e inflexible que nos exige vivir la vida de una manera radicalmente diferente entonces es cuando debemos preocuparnos.

Algunas intenciones equivocadas sobre ese tipo de escala a veces pueden dar lugar a malos resultados. La ansiedad que nos produce aceptar una invitación a cenar por si el anfitrión nos ofrece algo poco saludable; llegar a ser excesivamente exigentes con la pureza de los alimentos, o descartar todo un grupo de alimentos.

Para otros, es una cuestión de control. Hay tanta información que nos bombardea todos los días acerca de todas las prácticas poco saludables y las tentaciones de la vida moderna… una de las pocas cosas que podemos controlar es lo que comemos, así que cuando oímos esas advertencias, sentimos que podemos controlar el impacto que tienen en nosotros a través de nuestra dieta.

En la historia reciente, este fenómeno en realidad ha cobrado cada vez más atención, con escuelas de pensamiento que sugieren que este tipo de exceso de análisis, que se caracteriza por una fijación en el control de los productos alimenticios, puede ser más perjudicial que saludable. Las personas que se obsesionan hasta este punto con lo que comen son las que siempre se están preocupando y quejando por la comida, o en el peor de los casos, pueden estar renunciando a nutrientes importantes en aras de la “dieta”.

En realidad sólo muy pocas personas llegan a este extremo, pero esto sí que pone de manifiesto cómo una “alimentación sana” en realidad puede convertirse en una obsesión tal que pocos pueden imaginar.

Hay que comer bien y no fijarse tanto en los números

Desglosar los alimentos en números y proporciones hará que algo como la comida que forma parte de nuestra vida cotidiana sea un sinsabor. Sin lugar a dudas, debemos pensar en lo que comemos, pero lo ideal es adoptar esa actitud de una manera razonada.

Por ejemplo, es bueno saber que los alimentos procesados a menudo han sido despojados de sus nutrientes para que tengan una vida útil más larga, o que se les han añadido aditivos para mejorar su sabor. Cuando sea posible, intenta comprar productos orgánicos o alimentos que no estén llenos de ingredientes artificiales. Lo ideal es que una buena dieta básica debe ser rica en frutas orgánicas, verduras, nueces, semillas, huevos de corral, pescado fresco y carnes magras orgánicas.

Aplicar los conocimientos de las mejores fuentes de alimentos y crear un equilibrio que se adapte a ti es la mejor actitud: no es necesario que se convierta en una doctrina que rija nuestra vida. Hay incontables posibilidades de nuevas comidas y combinaciones que pueden satisfacer tanto nuestro estómago como nuestra curiosidad, por supuesto, si usamos un poco de imaginación y tenemos tiempo para hacerlo.

Con equilibrio, disfrutar de la comida que nos gusta no es algo que deba preocuparnos. Un poco de chocolate, vino, nuestros platos favoritos… Está bien seguir disfrutando de estas cosas, junto con comedidos cambios positivos en nuestra dieta general.

Comer bien tiene mucho más que ofrecernos que un mero desglose físico de nuestra comida. Disfrutar de la comida y ser creativos con lo que comemos es todo parte de un enfoque saludable y global. Para un equilibrio ideal, esto nunca debe quedar relegado a un segundo plano frente a una supuesta “dieta perfecta”.

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