Micronutrientes: una perspectiva de conjunto

Nuestro organismo está en plena actividad cada segundo de nuestra vida, trabajando constantemente para renovar y nutrir las células, los músculos, los huesos, la piel, la sangre y los nervios que, en conjunto, integran esa maravilla que es el cuerpo humano. Seguro que ha visto más de una vez ilustraciones en las que se muestra el cuerpo como una fábrica en la que ejércitos de pequeños obreros se afanan en tareas específicas; es una imagen que está más cerca de la realidad de lo que podría parecer.

Pero hay un aspecto muy importante: la fábrica necesita combustible del exterior. Nuestro cuerpo no puede producir por sí solo las materias primas que necesita en la cantidad adecuada.

Existen decenas de vitaminas y minerales que tenemos que suministrar desde el exterior para que todo siga funcionando de forma equilibrada.

Existen decenas de vitaminas y minerales que tenemos que suministrar desde el exterior para que todo siga funcionando de forma equilibrada. Estas sustancias, denominadas micronutrientes, provienen de los alimentos que ingerimos o de los suplementos nutricionales que tomamos para complementar nuestra dieta diaria.

¿Por qué el nombre de micronutrientes? Para contraponerlos a los macronutrientes que necesitamos en mayor cuantía: carbohidratos, proteínas y grasas que el organismo precisa en proporciones mucho más elevadas.

No obstante, aunque necesitamos una cantidad menor de vitaminas y minerales, no por ello dejan de ser absolutamente esenciales para mantener un estado de salud óptimo. Se trata de un tema tan complejo como fascinante: las diferentes combinaciones de números, letras y códigos pueden resultar abrumadoras, pero si dedica un poco de tiempo a familiarizarse con las principales vitaminas y minerales, podrá lograr un mayor control sobre su bienestar físico.

En esencia, las vitaminas son sustancias orgánicas que ayudan a regular los procesos del organismo, una labor que a menudo desempeñan de manera conjunta con las enzimas.

Los minerales son inorgánicos, es decir, no pueden descomponerse, y representan un papel clave en el mantenimiento de las estructuras, los nervios y los músculos de nuestro cuerpo, así como en la regulación del nivel de fluidos.

Vitaminas y minerales desempeñan su labor conjunta de acuerdo con una sutil coreografía. Algunas combinaciones son enormemente beneficiosas, mientras que otras pueden anularse entre sí. Por eso, cuanto más sepa acerca de cada vitamina y mineral clave y sus combinaciones posibles, mejor entenderá el modo de sacarles el máximo partido.

La mayoría de la población sabe alguna que otra cosa acerca de los grupos de vitaminas básicos: el alfabeto de las vitaminas A, B, C, D, E y K. La vitamina C se encuentra en frutas como naranjas, arándanos y guayabas, así como en el brécol y las coles de Bruselas, y su déficit era causa frecuente de escorbuto en las tripulaciones de largas travesías y exploraciones marítimas. La vitamina D se genera principalmente mediante la exposición a los rayos solares, aunque también está presente en pescados como el salmón, el arenque y la caballa. Su déficit provocaba el raquitismo, una enfermedad que, si bien se creía erradicada, ha experimentado un resurgir en los últimos tiempos.

La vitamina A ayuda al funcionamiento del sistema inmunitario y de la visión (la leche y los productos lácteos, la calabaza, la espinaca y las zanahorias son alimentos ricos en esta vitamina), mientras que las vitaminas del grupo B —que van desde la B1 o tiamina hasta la B12 o cianocobalamina—, a grandes rasgos, ayudan a descomponer los carbohidratos y potenciar los niveles de energía.

Quizás las vitaminas E y K sean las menos conocidas. La vitamina E, o tocoferol, ayuda a reducir los efectos del estrés oxidativo en el organismo; los frutos secos, las semillas y los aceites vegetales son fuentes importantes de esta vitamina. La vitamina K también tiene efectos beneficiosos para la sangre, así como para los riñones y huesos, y se encuentra en proporción especialmente elevada en verduras, como la espinaca, y en el aceite de soja.

Los minerales esenciales pueden dividirse en minerales principales y oligominerales. Entre los primeros cabe mencionar el calcio (al que todos conocemos por su papel en la formación de huesos y dientes), el magnesio (sistemas enzimáticos), potasio (impulsos nerviosos) y el sodio (equilibrio de los niveles de agua). Los oligominerales, si bien se necesitan solamente en cantidades muy reducidas, desempeñan una labor esencial; así, por ejemplo, el hierro ayuda a transportar oxígeno y el zinc favorece la capacidad de coagulación de la sangre.

En Internet existe información muy abundante y detallada acerca de este apasionante tema. Si visita una fuente acreditada, como el sitio web de un organismo sanitario oficial, encontrará descripciones rigurosas y fiables de cada vitamina y mineral, así como consejos acerca de su uso y administración adecuados.

Por encima de todo, merece la pena prestar atención a las cantidades diarias recomendadas, en especial si está pensando en tomar suplementos para complementar su dieta diaria. Para acabar, tenga presente que los suplementos son simplemente eso: una fuente adicional de vitaminas y minerales que en ningún caso puede sustituir a la dieta principal. Una excelente forma de complementar su bienestar general.

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