Los hábitos de la gente feliz

La felicidad no es solo un estado de ánimo, es una forma de concebir la vida que tiene un efecto positivo confirmado en nuestra salud mental y física.

Lo más sencillo sería sentarse relajadamente y esperar a que la felicidad nos llegara por arte de magia, pero la vida no suele ser así de simple. Tenemos que adoptar una actitud activa para encontrarla.

La clave es asumir que no se trata de una misión imposible ni de cambiar radicalmente la forma en la que vivimos nuestras vidas. Levantarse y decir “hoy voy a ser una persona distinta” es absurdo; con esto lo único que harás será marcarte un objetivo irreal y acabarás frustrándote por no ser capaz de lograrlo.

Podemos buscar la raíz de la felicidad observando los hábitos de la gente feliz. Los estudios realizados han demostrado que aquellas personas que se definen como felices tienden a tener hábitos que pueden considerarse beneficiosos tanto para su experiencia como para la percepción que tienen de la felicidad.

Actividades o pequeñas rutinas diarias que cuesta muy poco trabajo poner en marcha, pero que, unidas, pueden suponer un gran avance y contribuir a transformar las perspectivas de cualquier persona, a paso lento pero firme. A continuación te mostramos algunos hábitos característicos de la gente feliz.

Cultivar relaciones estrechas

Vamos a comenzar con una de las características más obvias. Son muchos los estudios que han demostrado que mantener relaciones estrechas con amigos y familiares es un factor muy importante para nuestra felicidad.

Cuando carecemos de este tipo de conexiones, nos faltan apoyos en nuestra vida, cooperación mutua y compañía. Como poco, la vida resulta insulsa y aburrida si no tenemos amigos y familiares con los que reunirnos, charlar, reírnos o compartir aficiones. A niveles graves, la falta de contacto a largo plazo puede derivar en soledad, situación que tiene sus propias consecuencias para nuestra salud.

Hay gente que parece ser un imán para las amistades sin ningún tipo de esfuerzo. Sin embargo, para otros, hacer amigos puede parecer en un principio todo un reto. Pero no es solo hacer amigos lo que importa, sino también cultivar las relaciones estrechas que ya tenemos.

Los estudios han demostrado que, en el campo de la amistad, más vale calidad que cantidad. Es mejor y más satisfactorio tener pocos buenos amigos que muchos conocidos. El cultivo de una relación supone un esfuerzo que deben asumir dos personas. Hay que mantener el contacto, aunque estemos ocupados, y de esta forma conservaremos una conexión y una base para la felicidad mutua que durará toda la vida.

Logros diarios

La gente feliz saca el máximo partido a todos sus días sumando pequeñas victorias. La mayoría de las personas se ata a lograr proyectos de envergadura e hitos en su vida, sin prestar a los pequeños avances que logramos en nuestro día a día la atención que merecen. No tiene por qué ser un logro enorme, basta con pequeñas cosas que puedes lograr y de las que puedes estar orgulloso.

Conseguir enviar ese correo electrónico que tanto tiempo llevas redactando, reparar esa estantería, contemplar una habitación recogida… Todos ellos son pequeños logros diarios que pueden perderse al analizar nuestra vida sin tener en cuenta todos los detalles que la conforman, así que… ¿por qué no anotarlos? Puedes incluir una entrada en tu diario —una breve frase al día— o quizás una entrada en tu blog. Mantener un registro te ayuda a echar la vista atrás y ver todo lo que has logrado, hace que cada pequeña victoria sea real y tenga sentido y te da el importante empuje que tienen los logros.

Mantente ocupado, pero disfruta de lo que haces

La línea que separa mantenerse ocupado de no tener respiro es muy fina. Lo ideal es no estar atado a un ritmo frenético, ya que una tensión excesiva puede ser perjudicial para tu salud mental, física y emocional. Algo similar ocurre con aquellas personas que tienen demasiado tiempo libre: pueden tener la sensación de que no están haciendo nada por su propia vida ni por la de los demás.

Los estudios realizados han demostrado que la gente feliz es aquella que ha logrado conseguir un equilibrio. Están ocupados, pero no en exceso. Tienen un fin definido en su vida y disfrutan y aprecian todo aquello que supone mantenerse ocupado, al igual que marcarse el objetivo de lograr éxitos.

Presta atención a las tareas que debes completar a lo largo de un día y aprende a distinguir lo esencial de lo que puede esperar. De esta forma lograrás evitar un nivel de compromiso excesivo y vivir atado a tus obligaciones. Cuando tengas ante ti tareas que exigen gran cantidad de tiempo y energía, pero no te resultan enriquecedoras, regálate la oportunidad de analizarlas desde un punto de vista objetivo. ¿Por qué no resultan enriquecedoras? ¿Qué otro enfoque podrías darles? Hay veces en las que hacerte estas preguntas puede revitalizar tus ideas, y ayudarte a estar seguro de que tu tiempo se valora como merece.

Desarrolla tu autoestima

Lógicamente, la infelicidad va de la mano con la falta de autoestima. Los golpes que nos da la vida pueden mermar nuestra confianza, y llevarnos a un estado de desánimo y desazón.

Levantar el ánimo después de recibir un golpe puede resultar duro, pero merece la pena concentrar nuestros esfuerzos en ello. Un buen punto de partida es marcarnos la idea de que la felicidad la definimos nosotros y tan solo nosotros. Vincular la felicidad a eventos externos o a la opinión de otras personas deja tu ánimo en mano de aspectos que no puedes controlar. Hacerlo deriva en introversión, timidez y falta de confianza.

Aprender a vincular la autoestima a tu propia mente, y no a lo que ocurre a tu alrededor, es una tarea compleja, pero a la que merece la pena dedicarle tiempo y esfuerzos. Confía en tus propios puntos de vista y convicciones, reconoce su valor y, como hemos dicho anteriormente, no olvides pensar en tus pequeños logros del día a día: nadie podrá quitártelos.

Valora la experiencia

Negarlo es absurdo: vivimos en un mundo materialista. La gente suele valorar en exceso las cosas que compra. Sin embargo, como bien sentencia la sabiduría popular, el dinero no compra la felicidad.

La gente feliz construye su felicidad alrededor de las experiencias que vive. Suelen estar más abiertos a probar cosas nuevas, no tienen miedo de asumir riesgos calculados y disfrutan aprendiendo de ellos.

Cuando llegue el momento de gastar dinero que has ganado con el sudor de tu frente, en lugar de pensar qué puedes comprar, piensa qué puedes hacer. Puede ser desde algo totalmente nuevo (y suponer hasta una pequeña locura) hasta algo tan sencillo como invitar a cenar a un amigo al que hace tiempo que no ves. La cuestión es que hacer algo tiene muchas más posibilidades de generar recuerdos felices que tener algo.

Mucho de lo que nos hace felices se deriva de los recuerdos que tenemos, experiencias positivas que nos servirán durante toda nuestra vida. Los bienes materiales se gastan, se echan a perder y suelen acabar en el fondo de un cajón. ¿Tirarte en paracaídas con un amigo? Seguro que es un recuerdo que difícilmente olvidas…

Aprende a preocuparte por los demás

Ayudar a los demás puede ser una de las experiencias vitales más enriquecedoras. Ya sea preocupándote por tus amigos o compañeros de trabajo o dedicando tiempo a realizar obras de caridad o trabajos de voluntariado en tu comunidad, ayudar a los demás puede tener efectos positivos también en tu salud. Se ha demostrado que esta actividad activa centros de placer en el cerebro, ya que somos conscientes de la felicidad que generamos en las demás personas, y nos ayuda a relativizar nuestros propios problemas y tribulaciones.

Ser amable en tu día a día es una tarea sencilla. Márcate el reto de hacer algo amable cada día, sea lo que sea, o prueba la idea extrema de ser amable aleatoriamente con la gente que te rodea, o incluso con extraños. Cuando veas toda la felicidad que esto te genera, te sorprenderás.

Desarrolla la gratitud

La gente suele dudar o quedarse en blanco cuando se le pregunta por qué debe estar agradecida. Sin embargo, reflexionar sobre ello puede ser muy beneficioso. Al final del día, escribe en un diario o en un cuaderno algo que agradezcas y que haya ocurrido en ese mismo día, o algo que agradezcas en tu vida en general.

Supone un paso muy pequeño pero significativo: cuando empieces a analizar tu vida de esta forma, verás que hay una enorme cantidad de cosas, grandes y pequeñas, por las que estás agradecido. No olvides tampoco expresar tu gratitud: da las gracias a la gente que te ayuda en tu día a día. No infravalores nunca lo importante que puede ser para una persona que alguien le dé las gracias.

Estudios realizados en el campo de la psicología de la felicidad han demostrado que aquellas personas que reconocen y agradecen las cosas buenas que tienen en su vida padecen menos episodios de estrés y depresión, y están más felices y satisfechas con su vida.

¡Ponte en marcha!

Si tenemos suerte, habrá días en los que, sin esperarlo, surgirán motivos para ser felices. Pero… ¿estás seguro de que quieres dejarlo todo en manos de la suerte? Como todo en la vida, la felicidad es disciplina, hábito, y se perfecciona con la práctica. Prueba hábitos nuevos o recupera hábitos antiguos, y regálate todas las posibilidades de ser feliz todos los días de tu vida.

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