Los beneficios de la conciencia plena

¿Alguna vez has experimentado dificultades para recordar el último párrafo de un libro que acabas de leer? ¿O quizás incluso para recordar dónde estabas hace tan solo unos minutos? ¿Te encontrabas paseando por un lugar particularmente bello, y te has perdido el sobrecogedor paisaje debido a que estabas totalmente absorto pensando en eventos pasados o futuros?

La conciencia plena es la claridad mental para ver cosas y situaciones tal como son.

En un mundo en el que el estrés, las enfermedades o las demandas excesivas en nuestras vidas personales y/o profesionales dificultan que encontremos tiempo para respirar y reflexionar sobre lo que hacemos, la conciencia plena se ha sugerido como técnica para tomarse un respiro de la constante preocupación por lo que nos pasa por la cabeza.

La tradición y la ciencia tras la conciencia plena

El concepto de conciencia plena tiene sus raíces en el budismo, y como tal, lleva presente más de 2.500 años. En la tradición budista, la conciencia plena es la claridad mental para ver cosas y situaciones tal como son, no como nos gustaría que fueran. Significa tener una clara comprensión y conciencia de nuestros pensamientos, sensaciones, acciones y entorno sin apegos emocionales ni conceptuales. En esta tradición, la conciencia plena nos permite evaluar las situaciones, acciones y a las personas de una manera más objetiva. Sin embargo, la ventaja de la conciencia plena va mucho más allá de la mera objetividad. Combinada con paciencia y compasión, la conciencia plena puede ser muy útil para reducir la ansiedad y evitar sentirnos arrastrados por las situaciones estresantes.

La ciencia moderna ha comenzado a reconocer que ser más consciente puede tener efectos positivos. Los hallazgos en estudios psicológicos y neurocientíficos sugieren que la práctica de la conciencia plena puede reducir los síntomas psicológicos que a menudo acompañan a las enfermedades graves. También puede ayudar a lidiar con el dolor crónico, al igual que a beneficiar a aquellos que experimentan trastornos de ansiedad y del estado de ánimo. Además, muchos estudios han tenido en cuenta el modo en el que la conciencia plena puede facilitarnos el superar situaciones de estrés. El resultado del estudio sugiere que adoptar una práctica regular de conciencia plena bien puede mejorar nuestra capacidad para la concentración, al igual que nuestra conducta de atención, en especial, en situaciones de estrés.

¿Qué nos impide ser más conscientes?

Si la conciencia plena cuenta con tantos efectos positivos, ¿por qué no es algo que más personas pongan en práctica a diario? Porque, al igual que en muchos otros aspectos, lleva esfuerzo y práctica desarrollar una conciencia plena hasta el punto de que esté a nuestra disposición cuando la necesitemos.

Existen algunopasos simples para desarrollar una actitud más consciente hacia nosotros mismos y hacia la vida que nos rodea.

La práctica de la conciencia plena

Tradicionalmente, aprender a tomar conciencia de la propia respiración es la primera tarea para aquellos interesados en aprender a meditar.

Si quieres intentarlo, aquí mostramos algunas directrices básicas: Encuentra un lugar tranquilo donde no te molesten (apaga todos los teléfonos, televisores, etc…) adopta una postura cómoda en la que puedas permanecer sentado durante un rato e intenta seguir cada respiración: cómo inspiras y espiras. En tu mente, sigue la sensación de tu estómago al subir y bajar. Intenta concentrarte en la respiración natural durante unos diez minutos.

Al leer estas instrucciones, puede que no te des cuenta de que nuestra respiración es en realidad un útil punto de partida para practicar la conciencia plena, ya que habitualmente no le prestamos atención: lo damos por hecho. Aun así, te darás cuenta de que concentrarse en algo tan sutil como la respiración es un verdadero reto. Tu mente divagará de vez en cuando: ¿Qué hay para cenar? ¡Se me ha olvidado escribir aquel correo electrónico! ¿Preparé el almuerzo de los niños?

Lo que necesitamos comprender en primer lugar es que esto es normal al intentar aprender a tomar conciencia. Para la mayoría de nosotros es difícil liberarnos de lo que ocupa nuestra mente.

En segundo lugar, deberíamos tener presente que nuestras mentes están condicionadas por las vidas que llevamos, y que cada vez tratamos de retener más información en períodos de tiempo más cortos. Ya no estamos acostumbrados a centrarnos en solo una cosa. En especial, no en algo tan sutil y presente en todo momento como es nuestra respiración. Lo que hay que hacer es asumir que la mente ha divagado y volver a concentrarnos en nuestra respiración. Es importante hacer esto sin quejarse de nuestra falta de concentración; de hecho, darse cuenta de un estado mental distraído es, en sí mismo, un momento de conciencia plena. Prepárate para hacer esto muchas veces antes de ser capaz de mantener la concentración en tu respiración.

Ejercicios de conciencia plena para un día normal

Un modo más práctico de pensar algo diferente es aprovecharse de las muchas tareas repetitivas que hacemos de manera rutinaria a medida que transcurre el día. Por ejemplo, cómo nos lavamos los dientes, cómo nos vestimos, cómo nos ponemos y nos quitamos los zapatos, cómo nos lavamos las manos, cómo subimos y bajamos las escaleras, cómo escuchamos a los demás.

Puede que ahora mismo estés pensando: ¿Cómo puede ayudarme el ser consciente de que me lavo los dientes? Considera los ejemplos anteriores como un ejercicio para mantener tu conciencia plena de lo que estás haciendo y no sigas tu hilo de pensamiento, que seguramente va por derroteros totalmente diferentes. Ser más consciente de tareas repetitivas acabará por incrementar tu habilidad para concentrarte en lo que estás haciendo durante el momento presente y por consiguiente obtener una mejor comprensión de lo que haces, dices o piensas, que es el beneficio subyacente de la conciencia plena. Al practicar esto en tareas simples y repetitivas, podemos ser capaces de llevar exactamente esta conciencia plena a situaciones más difíciles.

Probablemente, todos nosotros tenemos retos habituales en la vida. Personas con las que nos cuesta trabajo enfrentarnos, presentaciones que tenemos que hacer, familias exigentes… Tomar conciencia de estas situaciones puede permitirnos ser más conscientes de nuestra reacción. Al principio, puede que solo reflexionemos a posteriori sobre lo que ha pasado. Pero con el tiempo, y con más conciencia plena en nuestra vida cotidiana, puede que seamos capaces de afrontar activamente situaciones como ésta con mayor comprensión; reaccionar de un modo algo menos irracional y así, hacer que la vida sea algo más fácil tanto para nosotros mismos, como para las personas que nos rodean.

A día de hoy, hay muchas estrategias que enseñan a tomar conciencia plena y cada una puede tener una técnica o enfoque algo diferente. Sea cual sea la que elijas, dependerá del tiempo del que dispongas y del aprendizaje que encaje mejor con tu personalidad. Si estás interesado, puedes buscar un profesor en línea. Con algo de práctica, volverse más consciente bien puede contribuir a encontrar una mayor tranquilidad mental.

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