La velocidad de la vida

¿Por qué a algunas personas les resulta duro ajustarse al aparente aumento de velocidad en tantas áreas de la vida? ¿Esto pasa en todas partes o es sólo en el mundo occidental desarrollado donde el tiempo parece apresurarse?

Los sociólogos y psicólogos pueden ayudarnos a entender nuestra percepción del tiempo y cómo las diferentes personas tienen puntos de vista distintos.

1. Los avances técnicos nos dan mayores expectativas
Hartmut Rosa, un sociólogo alemán, describe cómo el progreso no siempre nos ahorra tiempo como habíamos esperado.

Es mucho más rápido enviar un mensaje de texto o correo electrónico que enviar una carta. Pero esa velocidad nos anima a enviar más mensajes y eso puede darnos la impresión de estar demasiado ocupados. Esperamos recibir una respuesta mucho más rápida que un correo postal. Eso puede causarnos estrés y hacernos sentir que otras personas nos están ralentizando.

Los llamados aparatos para ahorrar tiempo como los lavavajillas y aspiradoras han demostrado en realidad añadir a la cantidad de tareas domésticas que hacemos. Cuando es tan rápido, ¿por qué no limpiar la casa tres veces a la semana en lugar de una (y entonces sentirnos como que “siempre” estamos limpiando)?

Los avances en el transporte significan que nadie piensa dos veces en desplazarse una hora hasta el trabajo. Nos olvidamos que nuestros abuelos no habrían considerado hacer dicho viaje todos los días, ni habrían sufrido estrés o atascos, retraso en los trenes ni retenciones inexplicadas.

2. Cuántas más opciones tenemos, hay más cosas que no hemos hecho
Los desarrollos en la tecnología y el transporte nos dan una fantástica variedad de maneras para pasar nuestro tiempo libre.

Cuando se trataba de planificar una velada, solía ser fácil. Estar en casa y ver la TV o ir al cine. Ahora, si nos quedamos en casa podemos ver una película en muchos dispositivos. Si salimos, podemos elegir un multicine, cine de autor, incluso un club de películas. Después, donde deberíamos comer, y ¿qué estilo de comida?

Para nuestras vacaciones, podemos elegir virtualmente desde cualquier lugar del mundo. Nuestras únicas restricciones son el dinero y el tiempo. La idea de una lista de los lugares que “debemos” ver antes de morir enfatiza que muchos de nosotros sentimos que necesitamos priorizar.

Sea lo que decidamos, según Hartmut Rosa, siempre somos conscientes de lo que escogemos NO hacer. Existen muchas más opciones potenciales que realizables. Eso puede hacernos sentir que el tiempo es escaso y que nos estamos perdiendo todo lo que rechazamos.

3. Existen maneras diferentes de ver el tiempo
Robert Levine, psicólogo americano, ha identificado que existen tres tipos de percepción del tiempo.

Las personas que se guían por los relojes se adhieren a las horas cuidadosamente porque saben cuándo es su siguiente cita. Para estas personas, la comida se hace por el reloj, a lo mejor de 1.00 a 1.30 y después pasan a su siguiente compromiso.

Las personas que se guían por eventos son más propensas a sugerir que la comida lleve el tiempo que lleve. Llegan cuando están listos y se van cuando han acabado. Estos dos tipos de personas pueden volvernos locos mutuamente con sus diferentes puntos de vista, como todo aquel que haya organizado una fiesta sabe.

También hay un tercer tipo: principalmente se encuentra en la mayoría de lugares remotos del mundo. Las personas que viven por el “tiempo natural”, fijado por el progreso del sol y el cambio de las estaciones, son los más propensos a sugerir reunirse “hasta que las ranas críen pelo”.

4. Las diferentes culturas ven el tiempo de distintas maneras
Levine también teoriza sobre los puntos de vista del tiempo de las diferentes culturas. Investigó cómo las personas alrededor del mundo realizan las tareas comunes, como comprar un sello o andar una distancia corta.

Determina que cuánto más desarrollada esté una sociedad, más rápido parece pasar el tiempo. La gente trabaja y anda más rápido (hasta un 50%) en sociedades más ricas, industrializadas, frías e individualistas. Para el ritmo de vida más tranquilo, se dirige a los países menos prósperos, menos industrializados, cálidos y con una mentalidad más comunitaria. Por encima de todo, el tiempo va más rápido en las ciudades que en el campo.

El tiempo va más deprisa en todas las grandes ciudades industriales de Europa occidental y Asia. Sus residentes son propensos a decir que son más felices con sus vidas, pero también a sufrir estrés. El tiempo parece más lento y las personas se sienten menos apresuradas en las áreas rurales en los países menos desarrollados como México e Indonesia.

5. Cuando estás inmerso en algo, el tiempo parece detenerse
El psicólogo Mihály Csíkszentmihályi escribe sobre lo que llama “flujo”: la experiencia de estar totalmente absorbido en una actividad. Estamos completamente inmersos, centrados y disfrutando lo que estamos haciendo.

Cuando estamos en flujo, a menudo estamos llenos de alegría, a nuestro máximo rendimiento, e ignorando el paso del tiempo. Tendemos a no pensar en nada más: estímulos externos como el ruido y la temperatura o internos como el hambre. Ya sea por trabajo o por afición, esto puede ser una maravillosa manera de contrarrestar la sensación de estar ocupados y la prisa.

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