La importancia de ser sociable

La revolución de las redes sociales, diseñadas tanto por Mark Zuckerberg como por otros compañeros visionarios como él, ha cambiado el mundo y ya no volverá a ser el que era. Las ventajas son espectaculares: poder realizar una llamada gratuita con Skype para hablar con familiares que se encuentran al otro lado del mundo, escuchar la voz de un familiar en el teléfono móvil sin importar el lugar, poder estar en contacto con amigos y compartir historias, fotos y opiniones al instante.

Muchos de estos elementos de las redes sociales son positivos, reducen la sensación de soledad y ayudan a mantener el contacto. No obstante (y se trata de un “no obstante” bastante importante), con la misma facilidad con la compartimos cosas en Facebook, tuiteamos y utilizamos Google y Skype, estas herramientas también nos pueden llevar a una interacción personal más reducida que nunca, especialmente en una era de familias fragmentadas y comunidades deterioradas.

Nuestra comunidad más cercana no solo nos puede proporcionar una mejor calidad de vida, sino una vida más duradera

En algún punto de toda esta mezcla, el disfrute de las conversaciones cara a cara, de los vínculos sociales y del contacto directo han desaparecido. Es el típico caso del huevo y la gallina. Las redes sociales ayudan a rellenar algunos de los agujeros dejados por nuestra retirada de puertas para adentro y por nuestra falta de confianza en el mundo exterior, ¿pero está llevando este éxito de las redes sociales a una menor interacción social?

Hay una escuela de pensamiento, respaldada por estudios, que sugiere que necesitamos conseguir un equilibrio entre los puntos positivos de las redes sociales en línea y el esfuerzo dedicado a restablecer la conexión social que promueve una salud emocional positiva a través de relaciones establecidas con personas con inquietudes afines.

Parece que las relaciones que nos vinculan a la familia, amigos, vecinos y nuestra comunidad más cercana no solo puede proporcionarnos una mejor calidad de vida, sino una vida más duradera.

El concepto de socializar y de las redes sociales no debe ser solo un concepto asociado al mundo empresarial, con eventos organizados para establecer posibles conexiones profesionales.

En este caso estamos tratando de un concepto de conectividad diferente, una manera más lenta, tranquila y amable de conocer a otras personas sin ningún fin material, solo con el objetivo de volver a crear un espíritu de comunidad y resucitar la idea de la amistad y de la buena vecindad.

En Seattle se ha puesto en marcha un proyecto llamado “Parar para hablar”, una iniciativa que tiene como objetivo animar a la gente a tomarse cinco minutos para detenerse y charlar con sus vecinos cuando se vean en la calle. Es simple, no necesita explicación y es la parte fundamental de lo sencillo que es restablecer la conexión entre las personas. La clave no es la cantidad de “amigos” y “seguidores” que se tiene, si no la calidad y la profundidad de las relaciones.

Hay un motivo real para hacer esto: pasar tiempo juntos, respetarnos mutuamente, esforzarnos de forma conjunta, hacernos sentir bien. Es una forma de contrarrestar el estrechamiento de miras que provoca nuestra dependencia de los ordenadores o que también puede provocar una movilidad reducida debida a la edad. Recientemente, un cardiólogo afirmó que la soledad se ha convertido en el nuevo tabaco, pues tiene un efecto nocivo sobre toda nuestra salud.

Conectar con la comunidad, ya sea a través de un club de canto en un coro, presentándose voluntario en un hogar de cuidados, haciendo de guía o limpiando un río, es una oportunidad para ofrecer su tiempo y energías, y para ganarse el entusiasmo y la amistad de los demás.

Su propia experiencia y conocimiento son valiosos. Los programas de mentor son una forma fantástica de ayudar a los más jóvenes y de descubrir todo lo que tienen que ofrecer. Salvan distancias entre generaciones.

Las conexiones sociales y las nuevas amistades forman parte del proceso igual, que asegurarse de que dedica tiempo a fortalecer esas relaciones con su propia familia y con su grupo de amigos: organizar viajes juntos y animarlos a participar y a ayudarle con una organización caritativa local.

Salga y empiece a conectar con los demás…

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