¿Hay que anteponer la cantidad a la calidad?

Como consumidores, nos bombardean constantemente con distintas opciones de alimentación. Las estanterías de los supermercados están repletas de infinidad de productos distintos y, aunque el etiquetado de los productos ha mejorado en los últimos años, ¿es posible que nos esté proporcionando una falsa sensación de seguridad?

¿Se añaden aditivos y conservantes a los alimentos más habituales, en detrimento de los beneficios nutricionales?

Cuando se trata de comprar alimentos, las opciones que están a nuestro alcance son innumerables. Al entrar en un supermercado, lo más probable es que se encuentre con pasillos llenos de opciones entre las que elegir. Por ejemplo, no encontrará unos cuantos tipos de pan, sino que podrá elegir entre muchísimas variedades: desde pan envasado en rebanadas hasta pan envasado al vacío de mayor duración o recién horneado.

Sin duda, los supermercados han hecho que hacer la compra sea una tarea fácil y cómoda, ya que la mayoría de artículos que el cliente habitual suele necesitar pueden comprarse en un único establecimiento. La combinación de comodidad y avances en la tecnología de los alimentos posibilita que numerosos alimentos tengan una mayor duración, tanto en las estanterías de las tiendas como en casa, por lo que no es necesario consumirlos de forma inmediata.

Etiquetado de los alimentos

El etiquetado de los alimentos ha mejorado en los últimos años a nivel mundial y ahora es más fácil localizar la información que indica si un producto tiene propiedades saludables o no y si contiene un nivel alto, medio o bajo de grasas, grasas saturadas, azúcares o sal. Además, en el envase se indica normalmente el contenido de calorías, grasas, azúcares y sal de referencia por cada 100 g.

Al contar las etiquetas con toda esta información, sería fácil pensar que el producto cubre todas nuestras necesidades. Pero, aunque sin duda es un buen punto de partida para obtener información como los niveles de grasas y azúcares o las calorías, a veces hay que ir más allá para conocer la información completa sobre todos los componentes que contienen los alimentos que compramos.

Es indiscutible que las etiquetas de información nutricional han mejorado, lo cual es magnífico, pero se siguen utilizando aditivos y conservantes en muchos productos.
Para obtener información sobre ello, debe consultar la etiqueta en la que se enumeran los ingredientes. A los productos se les añade aditivos para que tengan un mejor aspecto, un mejor sabor y una mayor duración y, en ocasiones, también para que sean más baratos.

La idea de conservar los alimentos de esta manera no es nueva. La sal, por ejemplo, se ha utilizado durante siglos precisamente con este fin. Sin embargo, algunos aditivos son más naturales que otros.

Conozca mejor los aditivos

Los tipos más comunes de aditivos alimenticios son los antioxidantes, que se añaden a los alimentos para evitar que se echen a perder o cambien de color; los potenciadores del sabor, que ayudan a mejorar el sabor de los alimentos; y los conservantes, que hacen que sea seguro consumirlos durante más tiempo.

También se utilizan con frecuencia los colorantes y edulcorantes, los emulsionantes, estabilizadores, espesantes y agentes gelificantes; estos últimos permiten que la textura de los alimentos sea más espesa y hacen posible que los ingredientes que no pueden combinarse o mezclarse de forma natural (como el agua y el aceite) lo hagan en determinados alimentos procesados.

Antes de añadirlos a los alimentos, los aditivos deben probarse para garantizar que son seguros y que realmente “añaden” algo al producto (no pueden incluirse si no cumplen el objetivo para el que están destinados). Si el aditivo supera las pruebas de seguridad de la UE, por ejemplo, se le asigna un número E. Algunos fabricantes optan por utilizar el número E en la lista de ingredientes; también es posible que incluyan el nombre completo del ingrediente.

Lo que se puede prestar a confusión es que algunos aditivos y números E aprobados en la UE no necesariamente están aprobados o considerados seguros en otros lugares del mundo.

No todos los aditivos son perjudiciales o reducen el nivel nutritivo de los alimentos. En algunos casos, se asignan números E a ingredientes naturales. Por ejemplo, E300 corresponde a la vitamina C, E101 a la vitamina B2, E160c al pimentón y E162 al jugo de la remolacha. Otros, sin embargo, se fabrican de forma artificial. Son estos los que tienden a preocupar a los consumidores interesados por su salud.

En lo referente a la cantidad de aditivos o conservantes que contienen determinados alimentos y, por tanto, de lo nutritivo (o no) que puede ser un producto, una referencia útil es el lugar en el que aparecen indicados los ingredientes en la lista de ingredientes. Los ingredientes se enumeran en función de su peso, por lo que los ingredientes principales de un producto aparecerán primero.

En el caso de que ingredientes como el azúcar, la mantequilla, el aceite o el jarabe de maíz se encuentren en la parte más alta de la lista, se puede considerar que el producto tiene un alto contenido en grasas o azúcares y, por lo tanto, es probable que no sea tan sano como se indica. Del mismo modo, si un número E o aditivo aparece al principio de la lista de ingredientes, es señal de que es un componente esencial del producto.

Una alimentación sin aditivos

Si está interesado en obtener el mayor beneficio nutricional de los alimentos, el consumo de productos integrales, frescos u orgánicos, en lugar de alimentos procesados, le proporcionará lo mejor de la naturaleza. Son ricos en vitaminas naturales y minerales y no incluyen aditivos ni conservantes que no desea consumir.

Por desgracia, los alimentos integrales tienen una presencia menor en los supermercados; sin embargo, en las tiendas especializadas, podrá encontrar una amplia variedad de los mismos. Es posible que sean más caros, ya que no se producen de forma masiva. Además, normalmente no están demasiado tiempo en las estanterías, ya que no se les añaden conservantes ni aditivos para mantenerlos frescos durante más tiempo.

Si el precio es un problema, una buena opción sería considerar qué alimentos son más importantes para usted, tanto en términos de valor nutricional como de variedad para su dieta, y comprar los productos en función de estos criterios. Combinados con otros alimentos del supermercado podrá, al menos, estar seguro de que adquiere los nutrientes más beneficiosos que necesita; el resto, se pueden complementar con otros productos.

Para aquellas personas que deseen evitar de forma más tajante el consumo de alimentos procesados, o que contengan conservantes y aditivos, algunos métodos saludables pueden ser cultivar sus propios productos, frecuentar mercados de agricultores de la zona y preparar los alimentos desde cero, utilizando ingredientes frescos. Puede que le lleve más tiempo y que la preparación sea más elaborada, pero merece la pena si quiere tener la tranquilidad de que está siguiendo la dieta más natural.

Preocuparse por su salud, su nutrición y su dieta siempre es beneficioso. Después de todo, como dice el refrán, “somos lo que comemos”.

veg