Directrices dietéticas: confusas pero útiles

Los gobiernos de todo el mundo se deleitan en ofrecer a sus ciudadanos consejos detallados sobre lo que deberían y no deberían comer. Algunos tienen pirámides alimenticias, algunos platos perfectos y otros simplemente notas.

A nosotros nos gusta esta sencilla versión danesa:

Los 8 consejos de la dieta danesa

  • Comer 6 piezas de fruta y verdura al día.
  • Comer pescado y productos pesqueros varias veces por semana.
  • Comer patatas, arroz, pasta y pan integral todos los días.
  • Limitar la ingesta de azúcar, sobre todo de refrescos, dulces y tartas.
  • Comer menos grasa, sobre todo grasas de la carne y productos lácteos.
  • Comer una dieta variada y mantener un peso normal.
  • Beber agua cuando tengamos sed.
  • Practicar actividad física al menos 30 minutos al día.

Muchos gobiernos nos dicen que comer “5 piezas al día” de frutas y verduras es bueno para nosotros, pero, ¿qué es una porción? En Reino Unido podría ser una pieza mediana de fruta o tres cucharadas de verduras cocinadas o un vaso de zumo de fruta (pero NUNCA patatas). En Alemania una porción es sencilla, pero confusa, entre 80 g y 160 g.

Nos dicen que deberíamos limitar la cantidad de alcohol que bebemos, pero, ¿cómo saber lo que es seguro? Agnieszka Kalinowski y Keith Humphreys de la Universidad de Stanford en California han descubierto que las unidades de “bebidas estándar” nacionales varían entre 8 g de alcohol en Islandia a los 20 g en Austria. En Chile, la recomendación máxima diaria para los hombres de 55 g de alcohol es 5,5 veces el máximo de 10 g de Suecia para las mujeres.

Las directrices no son lo mismo que las leyes. Y aunque hay algunos acuerdos generales en todo el mundo de lo que es saludable, también hay algunas contradicciones.

Entonces, ¿qué deberíamos hacer?

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) dice esto: “Muchas directrices dietéticas tienen cosas en común. Por ejemplo, la mayoría promocionan la variedad y el aumento del consumo de alimentos vegetales, sobre todo de verduras y fruta, así como reducir la ingesta de grasas sólidas, sal y azúcar. Pero cada conjunto de directrices dietéticas contiene características únicas para satisfacer las necesidades dietéticas de la población de cada país”.

Entonces, ¿cuánto de este consejo es realmente científico, cuánto cultural y cuánto debido a los intereses creados o grupos de interés?

Aquí hay algunos ejemplos que pueden hacerle pensárselo dos veces:

  • En Grecia tienen recomendaciones separadas sobre la cantidad a consumir de grasas sólidas y aceites líquidos. ¿Es debido a la prueba de que el aceite es saludable pero las grasas sólidas no? ¿Los prejuicios culturales hacia el aceite de oliva cultivado localmente? ¿O el resultado de la presión ejercida por los productores de aceite de oliva?
  • En Estados Unidos, las severas restricciones sobre el contenido en grasas significan que algunos alimentos que están generalmente considerados como saludables no pueden promocionarse como tales; dos casos notables son el salmón y los aguacates. La misma regla permite a los alimentos que son bajos en grasas, pero altos en azúcar, como los cereales para desayunar altamente azucarados, golosinas que contienen Vitamina C y los batidos de fresa bajos en grasa (pero altos en azúcar), llamarse saludables. ¿La ciencia se ha vuelto loca o es la influencia de la industria estadounidense del sirope de maíz?
  • A nivel mundial, existe una llamada cada vez más grande para evitar los alimentos procesados. Aun así, casi todos los gobiernos también recomiendan comer cantidad de alimentos almidonados, incluyendo el pan. ¿Seguramente el pan sea el alimento procesado original? (Aunque también contiene altos niveles de sal, otro producto alimenticio restringido).
  • Recientemente en Reino Unido, un grupo llamado National Obesity Forum (Foro Nacional de Obesidad) calificó a la dieta baja en grasas recomendada por el gobierno como un “desastre” para la salud. En un informe que provocó un acalorado debate entre los expertos médicos y nutricionistas, argumentaron que los alimentos integrales y comidas saludables naturalmente altas en grasas, incluyendo los productos lácteos, son mejor para la salud del corazón y para reducir la obesidad que los productos bajos en grasas altamente procesados, ligeros y reductores del colesterol promocionados por la industria alimentaria.

Más de 100 países en todo el mundo han introducido recomendaciones dietéticas basadas en los alimentos desde la Conferencia Internacional sobre Nutrición en Roma en 1992. Sin embargo, la obesidad está creciendo más rápido que nunca, y tener directrices parece estar marcando un poco la diferencia.

¿Deberíamos seguir las directrices?
Hay una cosa más que considerar. Ha existido muy poca investigación sobre dos aspectos de estas directrices: cuántas personas las observan y cómo de efectivas son entonces en la salud de estas personas.

Parece probable que muy pocas personas realmente se ciñen de manera rígida a estas ideas. Si han tenido algún efecto, probablemente es para crear conciencia de la necesidad de observar lo que comemos.

Entonces, ¿deberíamos desestimar algo que tiene tanta opinión experta detrás? ¿O deberíamos en realidad dar una oportunidad a las directrices?

A lo mejor deberíamos hacer tiempo para revisar nuestros propios patrones de alimentación. Eche otro vistazo a esos simples consejos daneses. Piense sobre la perspectiva general de la ONU de que deberíamos comer más variedad, más verduras, menos grasas sólidas, sal y azúcar. ¿Quizás merece la pena intentarlo?

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