Cada paso cuenta

Cuando nos preguntan por qué no empezamos a hacer ejercicio, la excusa más común que se ha inventado jamás es “No tengo tiempo”. Hoy en día, todos notamos que estamos más ocupados que nunca, y aún así ¿con qué frecuencia sacamos tiempo para ver la televisión, acceder a las redes sociales o llamar por teléfono durante horas? ¿Cómo es posible?

Los psicólogos consideran que no utilizamos el pretexto de no tener tiempo simplemente para escaquearnos de hacer algo, sino que, detrás de esa excusa, se esconden sensaciones negativas respecto al ejercicio: que será aburrido y repetitivo, que podemos dañarnos o lesionarnos o que quizá sintamos vergüenza al practicarlo delante de otra gente.

Intente pensar siempre que el sentirse activo y dinámico es una opción totalmente positiva. Usted mismo está tomando la decisión de hacer algo que le aportará beneficios tanto a corto como a largo plazo. Si lo ve de ese modo, esas sensaciones negativas comenzarán a desaparecer de inmediato. Ahora solo tiene que organizar su tiempo de forma inteligente…

El viejo consejo de subir y bajar escaleras en lugar de coger el ascensor es un clásico.

Cada uno de nosotros se organiza de distinta forma. Tener un plan de ejercicio puede ser muy útil, pero no siempre es posible ser constante, ya que las exigencias de cada día cambian constantemente, nuestros horarios son variables, la rutina del trabajo puede cambiar cada semana, a veces incluso a diario (especialmente si trabaja como autónomo), o las actividades extraescolares suponen que la hora de recoger a los niños varíe.

Así que aquí le ofrecemos unas cuantas ideas que pueden ayudarle a incorporar el ejercicio al frenético estilo de vida del siglo XXI:

Tómese cinco minutos para caminar entre los compromisos o reuniones que tenga. Después, vaya alargando esos cinco minutos hasta que se conviertan en diez y observe los resultados. Siga alargando los minutos gradualmente hasta que pasen a ser 30 (pero siempre con la mentalidad de reservar al menos cinco minutos si no dispone de demasiado tiempo).

Piense que está cogiendo cinco minutos del tiempo que está conectado a Internet. ¿Hay algún programa de televisión que no sea imprescindible que vea? O, dicho de otra forma, podría utilizar el tiempo que dedica a ver la televisión a hacer ejercicio mientras la ve, como footing o ejercicios sencillos. También puede aprovechar los anuncios para hacer ejercicio subiendo y bajando las escaleras rápido. Y ¿qué tal si cambia el postre de después de la cena por un paseo?

Quizá pueda arañar incluso más tiempo convenciendo a su pareja o a sus familiares para que se encarguen de algunas de las tareas que normalmente hace usted, con la excusa de que siempre es el que las hace. Si ven que eso le ayuda a sentirse mejor y se dan cuenta de lo mucho que usted lo valora, comprenderán que están haciéndole un gran favor. También puede compartir con ellos el tiempo que dedique a hacer ejercicio: es estupendo que los niños vean que sus padres disfrutan practicando deporte. El mensaje que les transmite es muy positivo.

Tome una ruta de vuelta distinta y más larga cuando vuelva de compras. Si tiene que desplazarse para ir a trabajar, bájese una parada antes cada dos días y realice el resto del trayecto caminando. El viejo consejo de subir y bajar escaleras en lugar de coger el ascensor es un clásico precisamente porque funciona. También es cierto en el caso de pasear al perro; es un ejercicio excelente porque al mismo tiempo está andando usted.

Si le encanta hablar por teléfono, hable utilizando los auriculares y póngase al día con sus llamadas mientras camina. Estará tan concentrado en la conversación que probablemente no se dará cuenta de que está haciendo ejercicio (pero, por supuesto, no esté tan distraído como para no estar atento al tráfico).

Puede gestionar su tiempo de una forma aún más eficaz combinando dos actividades a la vez. Si lleva tiempo intentando ver a un amigo que está bastante ocupado, ¿por qué no quedan para dar un paseo por el parque mientras se ponen al día? Pueden incluso probar nuevas actividades juntos o disfrutar de una charla durante o después de un partido de tenis, por ejemplo.

No deje de mantenerse en forma incluso si está de viaje, ya sea por trabajo o por placer. Si está en un hotel que cuenta con gimnasio, no dude en aprovecharlo. No hay nada de malo en meter en la maleta algo de ropa de deporte que no pese mucho y unas zapatillas para correr como un elemento más de su equipaje, incluso si aún no sabe si habrá gimnasio donde vaya a alojarse. Otra idea para ahorrar tiempo es llevar siempre algo de ropa para hacer deporte en el maletero del coche, así aprovechará cualquier momento que le venga bien para hacer un poco de ejercicio.

Disfrute de los momentos en los que hace ejercicio y haga que esas pequeñas porciones de tiempo crezcan, pero, como siempre, poco a poco. No espere obtener resultados inmediatos y sea paciente a medida que empiece a observar un aumento en sus niveles de energía y, en general, en su bienestar.

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