Alimentación y Estado de Animo

La relación entre nuestro estado de ánimo y los alimentos que decidimos consumir en función del mismo se conoce desde siempre. Con frecuencia, cuando nos sentimos tristes y deprimidos, acudimos a la comida: el clásico “comer para consolarse”. La comida también está presente cuando celebramos momentos de felicidad. Y otras veces, por simple aburrimiento, abrimos el congelador en busca de un bote de helado y nos damos un delicioso capricho.

En la actualidad, esta relación “estado de ánimo-alimentación” se está observando desde la perspectiva contraria: “alimentación-estado de ánimo”.

¿Influye la alimentación en nuestro estado de ánimo?

¿Influye la alimentación en nuestro estado de ánimo? Esta cuestión genera cada vez más interés. No obstante, hasta ahora, la mayoría de estudios que se han llevado a cabo al respecto se basaban en observaciones casuales y subjetivas y carecían de base científica.

Según una encuesta reciente sobre la relación entre la alimentación y el estado de ánimo respaldada por una reconocida organización benéfica de salud mental, el 88% de los participantes afirmaba que la modificación de sus hábitos alimenticios había tenido un impacto directo y positivo en su estado de ánimo.

En la encuesta, los alimentos se dividen en los llamados “estresores”, como pueden ser la cafeína, el alcohol o los azúcares, cuyo consumo se debe reducir, y aquellos que fomentan la sensación de bienestar, como las frutas, las verduras, el pescado azul y el agua. Más de una cuarta parte de los participantes de la encuesta manifestaba que, al modificar su dieta de esta forma, sus cambios de humor y sus ataques de pánico y ansiedad se habían visto reducidos o incluso habían desaparecido.

Normalmente, los alimentos precocinados o los que tienen un alto contenido en azúcares provocan que los niveles de energía suban repentinamente para después desplomarse. Seguramente no quiera experimentar la desagradable sensación tras una subida de azúcar. Si se llega a un equilibrio entre los alimentos de alto índice glucémico y los de bajo índice glucémico, que liberan menos azúcares, nuestros niveles de energía serán más regulares y positivos.

Existen determinados alimentos que contienen vitaminas, minerales y enzimas que tienen la capacidad de desarrollar un estado de ánimo positivo. Las nueces y las semillas de girasol son ricas en zinc, omega-3 y magnesio. Diversos estudios sugieren que el zinc favorece positivamente la conservación de la memoria y que los ácidos grasos omega-3 ayudan a reducir el riesgo de depresión bipolar, mientras que la carencia de magnesio puede derivar en agitación y déficit de atención. También podemos aumentar los niveles de estos nutrientes esenciales a través del consumo prudente de suplementos nutricionales.

Reducir la ingesta de alcohol y beber más agua puede tener un impacto significativo, no solo en el estado general de salud, sino en el estado de ánimo, ya que el alcohol tiende a tener efectos depresivos una vez que desaparecen sus efectos iniciales.

Si pensamos en cómo nos sentimos emocionalmente cuando nos dirigimos al frigorífico o vamos al pasillo de los aperitivos en el supermercado, quizá prefiramos convertir esos antojos en una opción alternativa, como hacer ejercicio durante 20 minutos cuando no tenemos nada que hacer.

El mero hecho de tomar esta decisión puede tener un impacto beneficioso en su estado de ánimo. Asimismo, cambiar los hábitos alimenticios y llevar una dieta más equilibrada le ayudará a sentirse mejor, a dormir mejor y a controlar el estrés de forma más eficaz.

Y para terminar ¿qué pasa con el chocolate? En la encuesta sobre la relación entre la alimentación y el estado de ánimo, se incluye entre los alimentos “estresores”, pero la realidad es que nos hace sentir bien. Hay algo en su sabor, su aroma, su textura, y en la simple experiencia de degustarlo, que nos aporta una sensación positiva, siempre y cuando no nos demos un atracón.

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